Los injertos cacereños en el bambú japonés

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Los injertos cacereños en el bambú japonés
27 Mar 2015

Los injertos cacereños en el bambú japonés

Hace dieciocho meses tomé una decisión importante, qué digo importante, muy importante y transcendental. Estaba dispuesto a realizar el camino que me llevara a cumplir un sueño.

Echando la vista atrás, al trayecto recorrido en estos quinientos cuarenta dias, tomo conciencia de que estoy en el camino. Mi sueño lo voy a cumplir...!!!! Estoy tan seguro de ello como que la semilla que planté ese 18 de octubre de 2013 (por ciero, el dia en el que cumple años el amor de mi vida) es la mejor semilla plantada en toda mi existencia. Desde entonces me ocupo (que no "preocupo") de regarla con el amor que recibo, siendo este directamente proporcional al que doy. Y de abonarla, con ese abono que me proporcionan todas las personas que tengo a mi alrededor, creyendo en mí incondicionalmente. Y ésto te incluye a tí, si has llegado hasta aquí leyendo lo que dice mi alma.

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: "¡Crece, por favor!”

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer?

No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

En la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

Y esto puede ser extremadamente frustrante. En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que, en tanto no bajemos los brazos ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo... dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. Si no consigues lo que anhelas, no desesperes. Quizá sólo estés echando raíces.

Cuento Zen 

Muchísimas gracias por estar ahí

FelizVida